— Latulla, Keldon overseer
Flavor Text on Citadel of Pain.
This fortress is our temple.
Julio hizo una excelente referencia sobre el tipo de jugadores que fuimos -o somos-. El artículo de Mark RoseWater aclara la manera en que el juego, Magic The Gathering, se diseñó para incluir elementos que nos cautivasen a todos, cual anillo de Sauron.
Es interesante conocer ahora, mientras me embutía nuevamente en el mundo de Magic TG para escribir este post, que Mark revisó su artículo en dos ocasiones en 2006. Estas revisiones se pueden leer aquí y acá. Muy seguramente no hemos cambiando tanto, y por eso este Blog, nos resulta tan pertinente años después. Seguimos siendo Johnnies:
Johnny is the creative gamer to whom Magic is a form of self-expression. Johnny likes to win, but he wants to win with style. It’s very important to Johnny that he win on his own terms. As such, it’s important to Johnny that he’s using his own deck. Playing Magic is an opportunity for Johnny to show off his creativity.
Johnny likes a challenge. Johnny enjoys winning with cards that no one else wants to use. He likes making decks that win in innovative ways. What sets Johnny apart from the other profiles is that Johnny enjoys deckbuilding as much as (or more than) he enjoys playing. Johnny loves the cool interactions of the cards. He loves combo decks. Johnny is happiest when he’s exploring uncharted territory.
Like Timmy, Johnny cares more about the quality of his wins than the quantity. For example, let's say Johnny builds a new deck that has a neat but difficult way to win. He plays ten games and manages to get his deck to do its thing… once. Johnny walks away happy.
La tiendita y el ídolo.
Realmente un Johnny nos define completamente, aún más en ese momento en que descubríamos un juego únicamente en base al universo de cartas a las que teníamos acceso.
Revisábamos cientos de cartas, en una pequeña tiendita del centro de nuestra ciudad. Allí habían cajas de cartas que se vendían por separado, algunas muy muy baratas. Muchas habían sido dejadas allí ya sea por desilusión, hastío, repitencia, pero algunas eran verdaderas joyas. Muchas de ellas terminaron en nuestros mazos perfeccionando ideas.
Muchas veces nos reprochamos mutuamente nuestras respectivas adquisiciones, muchas veces por malas, otras cuantas aceptadas luego con repentino asombro. Recuerdo una de esas adquisiciones, recuerdo el día en que descubrí al Ídolo Quimérico y compré 3, baratos.

La tortuga maléfica vio la luz del día, al salir de esas cajas, en varios de nuestros mazos pichachericos, pues resultaba un buen complemento en las estrategias del entorno estándar de esa época. El Gato de Escoria, el Pozo de Vida y Ciudadela del Dolor, cobraron repentino sentido y junto a varias cartas comunes, ayudó a mejorar nuestro juego con sofisticadas rutinas que extendían el poder de nuestras estrategias, aún más allá de nuestra fase de ataque.
Algunos pocos fueron víctimas de nuestro poder, aunque usualmente el daño nos lo infringíamos nosotros mismos ;-)
Encuentro con un elfo.
De esa época, en los rincones del Centro Comercial en el que existía aquella tiendita, recuerdo también la dura manera en que aprendimos que existía un entorno extendido, cuando Julio jugó con un pana, de Caracas, que tenía un viejo mazo azul que amarraba las tierras. No recuerdo su nombre, pero si que nos cautivó su manera de jugar. El lucía como un elfo artesano hippie y fue muy elegante la manera en que con toda tranquilidad, a pesar de que le quedaba sólo un punto de vida, le dijo a Julio: -Va a ser muy difícil que me ganes-. Fue una derrota humillante para nuestro mejor jugador, sin embargo hubo algo en toda al escena que nos hizo admirar a aquel pana, de cuyo nombre quisiera acordarme.
Seguramente leeremos más de Julio, al respecto.
Seguimos siendo hermanos. Battle is our religion.
iGor, escribiendo a ritmo desmedido, sin querer intimidar al resto del clan, pues con seguridad no podrá escribir en los días laborables por venir. ¡Posteen cerdos! :-)



